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Una necesaria comunicación

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mitin politico
Vemos en estos días de campaña proselitista la reiteración de las denominadas caminatas, efectuadas por los candidatos con el objeto de entablar diálogos con sus conciudadanos haciendo conocer sus propuestas y recibiendo los aportes que los circunstanciales interlocutores pueden acercarle. El procedimiento difícilmente pueda ser cuestionado, de no ser por el oportunismo de su presencia y de lo volátil del contacto del político con el ciudadano.

Es más que evidente que una de las falencias de nuestra democracia es la distancia que muchas veces se plantean entre las acciones de los políticos y los intereses del pueblo al que representan.

Desdibujadas con frecuencia las promesas electorales y las plataformas propuestas, crece el hastío del ciudadano en ésa falta de compromiso y la imposibilidad cierta de hacer conocer su reclamo y su disconformidad.

Surge entonces el interrogante de cómo entablar un contacto fluido que permita ensamblar legitimas apetencias con la explicación de los incumplimientos o la imposibilidad a veces de concretar promesas que en muchos casos fueron plateadas de buena fe.

Sin duda el mejor camino seria el contacto directo como se da en las campañas, pero de difícil concreción en la realidad de todos los días.

Otro vertiente seria a través del rol de los medios, pero en la mayoría de los casos este contacto se torna unidireccional por la imposibilidad de la gente en acceder a ellos y también a veces por la imposibilidad de los funcionarios de poder plantear con libertad sus respuestas a la gente, a partir de la discrecionalidad con que esos medios se manejan a través de sus propios intereses.

También podría contarse como alternativa la utilización, de los cada vez mas populares en la clase media, sistemas informáticos que hoy por hoy aparecen como mas genuinos y confiables en el ida y vuelta , siempre y cuando la dirigencia se predisponga a recibir este aporte tecnológico en el dialogo con sus mandantes.

Flanco débil del sistema el escaso o nulo interés de los más jóvenes por la política y su mayor enfrascamiento en juegos, música y el chateo cada vez más escaso en el uso del lenguaje.

Quedaría como el recurso ideal, efectivo e enriquecedor el contacto directo de mandante y mandatario.

Esto implicaría la rutina más o menos frecuente, de la presencia del político en el barrio, en la calle o en los clubes o entidades intermedias con diálogos abiertos, directos y responsables.

Para ello habría que reemplazar los actos con el protagonismo exclusivo de los dirigentes, por menos concurridas reuniones con vecinos donde el intercambio de ideas y propuestas, se de en un marco de fluidez, responsabilidad y respeto. Es obvio que en estas ocasiones participaría solo una muestra de la ciudadanía, pero serviría como termómetro efectivo de lo que siente y piensa la gente de sus representantes y de sus problemas.

Difícilmente este método pueda ser reemplazado, como creería algún desprevenido con despersonalizadas y mecánicas encuestas que sirven como medidoras de adhesiones o simpatías pero nunca para expresar o pulsar el verdadero sentir del ciudadano.

De lo que se trata en suma, es de ver como ir superando aunque sea medianamente, la necesidad de una comunicación más fluida entre gobernantes y gobernados y atenuar sus debilidades.

En este contexto una herramienta formidable, la construiría una nueva ley de radiodifusión que defendiera en forma excluyente los intereses de la ciudadanía. Una utopía es cierto, pero a la que al menos nos acercaríamos con una norma que atenuara la influencia de los monopolios posibilitando un acceso más democrático y pluralista al manejo de los medios electrónicos.
J.Ocampo

Escrito por j.o. You are reading Una necesaria comunicación articles

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