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Una cuestión de genero

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cris y nes baston
Se puede lanzar una frase con contenidos políticos a título dirigido de disparador de ideas. En el momento en que una la recoge y comienza a hilvanar conceptos, ideas, pensamientos, convicciones y hasta prejuicios alrededor de ella, producto del natural proceso intelectual y mental, una se puede sentir convocada a profundizar y perforar esa superficie donde anidan fundamentalmente esas verdades conocidas como indiscutibles hasta que dejan de serlo.

A partir de allí el desafío está abierto. Se toma y se trata de volcar el mayor esfuerzo y los recursos posibles para generar un aporte constructivo que pueda devenir en una realidad que empiece a estar presente o bien se deja. Hacerlo a conciencia “a medias” es también una variante de dejarlo. Más retorcida y perjudicial en definitiva.

“Cristina Fernández de Kirchner, Presidente de la Nación Argentina como dice el artículo 87 de la Constitución Nacional, complicará o hará más difícil la postulación y el acceso a ese cargo a otras mujeres?”

Parecería una cuestión de género, como es dable llamar actualmente a estas asumidas problemáticas. Pero lo es en realidad? Es cierto que Cristina Fernández de Kirchner hace uso de su derecho de hacerse llamar “de Kirchner”, pero no es menos cierto que su vida ha estado y está dedicada a la política y sobre todo al ejercicio del poder político.

También es cierto que pertenece a las primeras generaciones de mujeres que empezaron a transitar un camino distinto para su desarrollo personal y profesional por lo cual los modelos previos estaban muy presentes. Ello hacía inevitable las permanentes comparaciones. Pero han pasado más de cincuenta años y hoy aparecen distintos modelos con muchísimos matices y posibilidades y a partir de allí oportunidades.

Uno de los hechos que más parece desmerecer el potencial y capacidad de dirigente de la actual mandataria es que su postulación surgió de una decisión personal de su marido, por lo cual resultó beneficiaria de una elección y de un estado de situación a la que la mayoría de las mujeres y también de los varones, estamos absolutamente lejos así se trate de un cargo de cajero en un supermercado o un puesto gerencial en un organismo público.

Ello por un lado le facilitó las cosas convalidando un sistema de poder cada vez más vigente en la Argentina de estos tiempos y que transciende pretendidas ideologías. Pero por otro lado la dejó claramente enmarcada en los límites trazados por el tipo de designación.

Es por allí donde el supuesto tema del género se va esfumando, porque este tipo de designaciones, a dedo, pude recaer en cualquiera de las pocas personas que forman parte de esos círculos cerrados.

A continuación de la designación comenzará la maquinaria que potencie las mejores características diferenciadoras conforme las circunstancias con un claro propósito de aprovechar al máximo las vetas que van apareciendo, especulaciones, maniqueos, bombas de humo, etc que más o menos inteligentemente, oportunamente y eficazmente se vayan diagramando.

El sujeto, el individuo, la persona se desdibuja en ese proceso y poco importa el sexo. Las características de la designación hacen muy difícil cambiar los rumbos porque no se pueden levantar los títulos y honores ganados en un contienda clara donde quede legitimado que se fue elegido como la mejor o el mejor que respondía a los desafíos y los retos planteados en la campaña. Quiérase o no, las posturas se dirimen en espacios caseros, sean de alcoba, de living, de cocina o de quincho. Conforme los protagonistas.

En el esquema antes trazado, a mi criterio, la actual mandataria nacional, no me aparece menos capacitada que muchos otros dirigentes, sean mujeres o varones. Porque como señalé al principio, ha hecho de la política y del ejercicio del poder político, su principal fundamento de vida obteniendo hasta el presente una carrera ascendente, aunque lo haya hecho desde y en la formalidad de un matrimonio con otra persona que igualmente ha hecho del ejercicio del poder su motivo en la vida.

Por allí el tema del género en este caso, se me termina de desvanecer. Y me permito decir que creo que la mayoría de la sociedad argentina tiene claro que los temas de representatividad o el tipo de respuestas y de soluciones que los que ejercen la política generan diariamente, no tiene género, sea femenino o masculino. Por lo cual poco podría realmente afectar a otras futuras candidatas. Creo que ya estamos un paso más allá de esta pretendida en crucijada.

Lo que sí debo señalar que a mi criterio, este sistema de elección de candidatos, forma parte de un sistema de poder político que nos aleja a los habitantes de la Nación, de poder contar con las soluciones reales de los problemas que tenemos que afrontar cada día, y además y sobre todo, nos va dejando cada vez más desamparados y vulnerables a todos los que van apareciendo. Y ésta me parece una problemática mucho más importante y casi diría crucial a la que deberíamos avocarnos. Todos, mujeres y varones. Las mujeres sin victimizarnos hoy, sólo en temas de género y los varones sin dejar de asumir responsabilidades en otros espacios que no eran tan comunes a nuestros abuelos.

Por lo cual vuelvo a lo dicho en el segundo párrafo reformulando el disparador de ideas y aludo al proceso que viene a continuación. Para muchos de nosotros, mujeres y varones, ciudadanos y habitantes de esta nación, está muy presente e insatisfecho, el desafío de lograr aportar actos concretos que modifiquen algo nuestra realidad con la convicción de que será en sentido favorable más allá de los intereses personales. El tema vuelve a ser si tomamos el camino que lleva a concretar aunque sea alguno de ellos, sin pensar en titulares de diarios, un minuto de fama en televisión o un blog saturado por la cantidad de visitas.

O sí como la escena del final de un episodio en una serie que a nuestro placer y penar continúa, dejamos una mesa de bar vacía, donde estén presentes en un primer plano, varias tazas o jarritos con restos de café, sobrecitos descabezados de azúcar o edulcorante, algunos vasos con sólo espuma de cerveza y alguna copa vacía de vino o whisky; y eso sí un papel o una servilleta con unas cuantas buenas ideas.
Por: Lilian Quinterno

Escrito por l.q. You are reading Una cuestión de genero articles

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